Una celebración de día que, desde el inicio, marcó el tono de toda la experiencia.
La propuesta se pensó en equilibrio entre interior y exterior, aprovechando un salón vidriado que permitió sostener la conexión constante con el entorno. La luz natural, el verde y el aire libre fueron parte activa de la escena.
En el exterior, se generaron pequeños ambientes con livings y espacios de encuentro, pensados para disfrutar el cóctel de manera relajada. Muebles de madera, linos y texturas nobles acompañaron una estética descontracturada, con fuerte presencia de verde.
En el interior, dos grandes sectores de mesas combinaron sillas y materiales en una paleta de verdes, marfil y nude, manteniendo la armonía con el afuera. Los arreglos y la incorporación de plantas en estructuras y paredes reforzaron esa continuidad, llevando el exterior hacia adentro de forma natural.
El resultado fue una celebración fresca, cercana y con una impronta relajada, donde cada espacio invitaba a disfrutar sin prisa.