Jessica y Henrique eligieron el corazón de Iguazú para celebrar uno de los momentos más importantes de sus vidas. Llegaron desde Brasil con el deseo de vivir una boda íntima, relajada y profundamente romántica, rodeados de naturaleza, calidez y emociones compartidas.
La propuesta estética estuvo inspirada en una paleta invernal vibrante, donde los tonos rojos, naranjas y marfil se convirtieron en protagonistas absolutos de cada escena. La madera aportó textura y abrigo, acompañando una ambientación sofisticada pero descontracturada, pensada para sentirse cercana, auténtica y llena de vida.
El gran escenario de la noche fueron dos árboles inmensos que abrazaron la cena de los invitados, creando un entorno mágico y natural bajo el cielo de Iguazú. Entre luces cálidas, flores intensas y una atmósfera cargada de amor, cada detalle acompañó la esencia de una celebración elegante, emocional y profundamente memorable.