Una celebración profundamente personal, donde cada decisión habló de nosotros.
La inspiración nació en las estampas de Dolce & Gabbana, con una mirada puesta en la isla de Capri: fresca, luminosa y con identidad. En el exterior, la madera y las flores blancas marcaron el clima, acompañadas por detalles en azules y celestes que aportaron suavidad y coherencia. Todo se sintió relajado, natural y con un sello claro.
En el interior, el contraste tomó protagonismo. Una puesta elegante y más intensa, con sillas translúcidas, lámparas de cristal y grandes estampas intervenidas con neón que sumaban carácter. Las velas y las luces focales construyeron una atmósfera más dramática, íntima y envolvente.
La pastelería y la cafetería, con una impronta “Dolce Amore”, terminaron de darle forma a una escena tan estética como real.
Hay celebraciones que se cuentan…
y otras que se sienten en cada imagen.