Una puesta donde la clave estuvo en transformar el espacio desde la sutileza.
Se neutralizó el entorno para darle protagonismo a una selección cuidada de mobiliario y ambientación, donde la sofisticación marcó cada decisión. Orquídeas blancas, piezas con espejo y acentos en dorado construyeron una base elegante y atemporal.
El verde tomó el espacio, envolviendo la escena y aportando profundidad. A partir de ahí, la atmósfera se volvió más intensa: velas, luces puntuales y flores que sumaban romanticismo y textura.
El resultado fue una casa completamente reinterpretada, con una impronta dramática, sensual y llena de presencia.