Una noche donde la luz y el neón fueron mucho más que iluminación: fueron el lenguaje de toda la propuesta.
El salón se transformó en una serie de pequeños ambientes: livings, mesas bistró y rincones que invitaban a quedarse, a circular y a descubrir.
Los chester de cuero negro aportaron carácter y contraste, mientras las superficies espejadas, las transparencias y las distintas texturas construyeron una atmósfera dinámica y envolvente.
Los grafitis en tonos rosas terminaron de definir la escena, sumando una impronta urbana y descontracturada.
El resultado fue una puesta atrevida, relajada y con identidad propia, donde cada elemento acompañaba una misma idea: dejarse llevar por la noche.